“Mátame suavemente”: la película preferida de Laura Dogu, nueva embajadora de EE.UU en Venezuela./// Los invisibles de la Operación Zamora

 LA ESCUELA DE FORMACIÓN POLÍTICA KLÉBER RAMÍRERS JUNTO CON EL PODER POPULAR Y EL CONSEJO COMUNAL BOLIVARIANOS DE MONTE SACRO SE ENCUENTRAN ACTIVADOS POR LA LIBERTAD DE EL PRESIDENTE NOCOLAS MADURO Y CILIA FLORES.

TE INVITAMOS A SEGUIRNO POR ESTE BLOG Y EN LAS CONFERENCIAS PRESENCIALES.  

 

CONFERENCIA: VENEZUELA AGREDIDA POR EE.UU, 

Ante la vil agresión ejecutada por el ejercito del  de 2026Imperio Norteamericano el dia 3 de enero  2026, dejando como consecuencia descenas de combatiente muertos y civiles, el secuestro del Presidente Nicolas Maduro y su esposa la primerada Dama y primera combatiente Cilia Flores.

La Escuela de Formación Politica Kléber Ramírez ha organizado un Ciclo de Conferesncias todos los lunes de 5 a 7 pm, contando con una pléyade de expertos Analista Políticos e Internacionalista incluyendo Juristas como el Magistrado de TS Luís Damiani.

                      Escuela de Formación Política Klebéber Ramírez
                     Conferencia dictada por el Prof. Sergio Rodrigez G.

Es deber patriótico  llebar conocimiento de la real situación por la que en estos momentos atravesamos.  El pueblo pueblo venezolano fiel al legado de nuestro Comandante eterno Hugo Chavez ha dado repuessta contundentes a la agresión imperialista con las movilizaciones diarias creando un clima inalterable de paz.

La escuela viene jugando en rol prótagonico a traves de las Confeencia, en tal sentido cursamos invitación a todas las personas interesadas en ampliar su conocimiento acompañandonos en este ciclo de actividades

Laureano Seijas 

 

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     Mátame suavemente”: la película preferida de Laura Dogu, nueva embajadora de EE.UU en Venezuela.

Sergio Rodríguez Gelfenstein

Ha transcurrido más de un mes desde el secuestro del Presidente Maduro y la designación de Delcy Rodríguez –según mandato constitucional- como Presidenta encargada aunque Estados Unidos se obstine en llamarla “presidenta interina”.

La gestión ha transcurrido en el marco de una guerra cognitiva caracterizada por posiciones encontradas en torno a lo que sucede y en la que, en mi caso, parto de la base de que el gobierno estadounidense falsea la información con el objetivo de debilitar la conciencia nacional y patriótica, fracturar la sociedad y crear grietas en la defensa del país y en el apoyo del pueblo a su gobierno legal y legítimo. Como si fuera una religión, del lado del gobierno han llamado a “creer y confiar” que es lo que yo hago, aun sin ser creyente.

       Embajadora de EE.UU acreditada en la República Bolivariana de Venezuela

Me parece que, considerando que la presidenta encargada está “negociando” con un misil en la cabeza, aun con la aprobación “flash” de la reforma a la ley de hidrocarburos, la creación del Fondo de Catar, las prohibiciones de vender petróleo libremente a quien Venezuela lo considere y la “visita” del jefe de la CIA( que por cierto considero mucho mejor que si hubiera venido Marco Rubio), ha tenido un extraordinario mes de gestión, habida cuenta que somos un país intervenido con un presidente secuestrado.

Lo que está en juego es la sobrevivencia del Estado y la república que en caso de perderse, haría banal la discusión sobre cualquier otro tema. Treinta y tres años se demoró Cuba en desprenderse de la enmienda Platt de su Constitución y otros 25 en hacer su revolución. Los tiempos de los países y los pueblos son distintos a los tiempos de los humanos. Un amigo, casi un hermano nicaragüense de muchos años me dijo que nosotros habíamos “Comprado paz a cambio de soberanía” y yo le dije que los sandinistas sabiamente habían entregado el gobierno en elecciones en 1990 a fin de detener la sangrienta guerra impuesta por el imperialismo que había causado decenas de miles de muertos y una devastación total del país, para regresar en mejor forma 17 años después y recuperar el poder. Los tiempos de los países y los pueblos son distintos a los tiempos de los humanos.

Todo lo que está ocurriendo es comprensible. Estamos en el Hemisferio Occidental, el que la mayor potencia militar del planeta declaró como su propiedad sin que haya fuerza en el planeta que pueda oponerse a ello. No obstante, lo que nunca podemos abandonar es la defensa irrestricta de la dignidad de Venezuela porque eso es lo que heredamos de Bolívar y de Chávez y no puede estar en juego en ninguna negociación. Suscribo plenamente lo que dijo el maestro Luis Britto García: “Somos víctimas de una agresión alevosa, sanguinaria y no provocada, Sin previa declaratoria de hostilidades, con armamento tecnológicamente superior, masacraron a centenares de compatriotas en su mayoría no combatientes, Mientras no se firme un Tratado de paz digno, estamos en guerra: ejército y autoridades de Estados Unidos son enemigos, y como tales deben ser tratados”.

En ese marco y reconociendo el gran esfuerzo que está haciendo el gobierno por mejorar las condiciones de vida de la población, debe entenderse que ese trabajo no se hará al costo de la entrega de la soberanía y la seguridad del Estado. Hay que recordar la diferencia entre lo ocurrido casi al mismo tiempo en China y la Unión Soviética. Los soviéticos pensaron que era posible realizar cambios simultáneos en la economía y la política y el resultado fue su desaparición. China, por el contrario, consideró necesario hacer profundos cambios económicos, incluso reformando su constitución para permitir la inversión extranjera, pero sin hacer el más mínimo cambio político. Cuando en 1989, fuerzas terroristas internas apoyadas desde el extranjero lo intentaron a través de la violencia, cayó sobre ellos todo el peso del Estado a fin de salvaguardar el sistema político y hacer que China sea hoy una potencia mundial de primer nivel.

En este marco, espero que nuestra Fuerza Armada no acuda a la reunión de jefes de ejército de América convocada para realizarse en Washington el próximo 11 de febrero por el general estadounidense Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. Sería muy “extraño” por decirlo elegantemente que un general de nuestra fuerza armada asista al llamado de quien bajo órdenes de Trump y Rubio es el asesino directo de nuestros compatriotas y perpetrador del secuestro de nuestro presidente.

Estados Unidos no puede tener injerencia en nuestra Fuerza Armada y en nuestros órganos de seguridad. Eso seria violentar el pensamiento del Comandante Chávez que hizo que nuestra fuerza armada fuera realmente bolivariana y anti monroista. Llama la atención que nuestros principales aliados, Cuba y Nicaragua no hayan sido convocados a dicha reunión.

Por otro parte, siguiendo la ancestral tradición venezolana de conceder indultos, la presidenta encargada Delcy Rodríguez también ha decidido hacerlo, concediéndole la libertad a una gran cantidad de terroristas, incluyendo a 5 estadounidenses. Eso no puede detener nuestra exigencia de libertad para el presidente Maduro y su esposa que es la primera responsabilidad ética y moral del gobierno.

Debemos entender que Estados Unidos no ha modificado un ápice la voluntad de cambio de régimen que signa su política hacia Venezuela. Hay que tener claro que ese era el objetivo principal de la incursión militar del 3 de enero, el secuestro del presidente Maduro era solo una parte de ello. Pero no lo lograron ese día y ahora lo van a intentar de otra forma, con otros métodos y otros instrumentos.

Trump es ante todo un empresario pragmático y en ese sentido se dio cuenta que un cambio de régimen por la fuerza y la imposición de un gobierno de la extrema derecha no le iba a garantizar lo que desea que es apoderarse de la riqueza energética de Venezuela. Sus altos jefes militares lo alertaron de que en caso de no lograr una victoria inmediata, la permanencia en Venezuela por mucho tiempo le iba a causar muchos dolores de cabeza. Por eso no desembarcaron las tropas que tenían en los navíos de guerra (más de 15.000 soldados) que debían llegar al país por La Carlota, Maiquetía e Higuerote. Supo Trump, porque sus generales se lo dijeron que ello significaría el inicio de una lucha armada que tendría como primer objetivo para los venezolanos, detonar todos los oleoductos, los pozos petroleros y las terminales de carga de crudo. No se llevarían una sola gota de petróleo. Y para eso no se necesita un ejército, solo un cuerpo de 720 combatientes especializados y organizados en pequeños grupos de acción que ya el país posee.

Pero como Trump es pragmático, también ha entendido que la oposición terrorista no tiene capacidad de dirigir el país. Lo dijo él mismo con contundencia refiriéndose a Machado: “Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario”. Por eso la hizo entrar a la Casa Blanca por la cocina.

Durante 26 años, el terrorismo de extrema derecha le ha informado a los gobiernos estadounidenses acerca de la inminente caída de Chávez y Maduro, la inminente fractura de la fuerza armada, el inminente reclutamiento de decenas de generales, la inminente deserción de unidades completas de la fuerza armada, las inminentes contradicciones fratricidas al interior del liderazgo chavista y muchas patrañas más que trajeron como respuesta jugosas transferencias en dólares y euros a los líderes de la oposición terrorista, sin que Estados Unidos y Europa pudieran obtener éxito alguno.

Con Trump, las cosas son diferentes. Si puede negociar con el chavismo, ¿Por qué no hacerlo? Si son ellos, los únicos que garantizan paz y gobernabilidad y con ello el envío del tan ansiado petróleo que pueda alimentar el alma consumista de los estadounidenses y transformarlo a él en el adalid de la sostenibilidad de la tambaleante economía de Estados Unidos, ¿por qué no hacerlo? Lo hizo, pero claro, al estilo Trump: una retórica fuerte, muchas amenazas, el chantaje, la presión, la agresión armada y el secuestro del presidente, pero no es solo él: es la natural actitud imperialista. Hay que recordar que todo esto (en su fase actual), lo comenzó Obama.

Una vez hecho todo esto, ahora se imponen otras circunstancias y otros métodos. Para eso ha venido Laura Dogu a Venezuela. Su objetivo como ella misma lo ha dicho es trabajar para el derrocamiento del gobierno chavista, por supuesto lo disfraza hablando del “regreso de figuras opositoras exiliadas y la celebración de elecciones libres”, es decir impunidad para quienes ordenaron el asesinato de venezolanos, clamaron por un ataque armado contra el país, aplaudieron el asesinato
de 83 venezolanos y cubanos que defendían al presidente y celebraron su secuestro. “Elecciones libres” que además interrumpirían el período presidencial del presidente Maduro y violentaría la Constitución Nacional.

Olvídense de cooperación y amistad. Habido cuenta de su trayectoria y su currículo es muy claro que ella ha venido a hacer lo que María Corina Machado y todos los líderes terroristas no han podido. Ella es ahora, la jefa de la oposición de Venezuela.

Laura Dogu fue la gestora de la impensada unidad de la oposición mexicana. Logró unir al PAN, al PRI y hasta al “izquierdista” PRD para evitar que Andrés Manuel López Obrador llegara a la presidencia. Su “éxito” la llevó a ser nombrada embajadora en Nicaragua, donde ante la ausencia de liderazgo opositor, financió, instruyó y organizó el fracasado golpe de Estado contra el gobierno sandinista en 2018. Posteriormente fue nombrada en Honduras en 2022, donde fue la artífice del fraude electoral de las pasadas elecciones cuando desde Washington se impuso –como lo dijo Trump abiertamente- el presidente que él había decidido que debía gobernar ese país.

Un amigo mexicano que la frecuentó durante su estadía en ese país me dijo que “es una mujer muy hábil e inteligente, pragmática, no confrontativa y diplomática que siempre busca abrir puertas para introducirse… y que hasta es respetuosa”. Agregó que “con ella se puede tener una relación sin problemas, sabiendo quien es, porque seguro que ella sabe quien eres tú. Se acomoda, va extendiendo su red acorde sus intereses, es gradual y ´digerible`, no tiene nada que ver con la agresividad verbal de Trump y Rubio, es campechana, se ríe y en privado hasta se podría permitir decir que ´Trump es un loco`”

Mi amigo opina que es la selección más inteligente que se haya podido hacer para desestabilizar a Venezuela porque vende sus intereses “al suave”, buscando un ´aterrizaje blando` para que Venezuela caiga poco a poco en las manos de Estados Unidos.

Hay que estar muy pendiente de sus movimientos desestabilizadores. Con ella Trump pretende combinar su propia agresividad verbal, el chantaje, la presión y la amenaza que le son propios, con la “suavidad” de su representante, a fin de lograr sus objetivos. Estará en el pueblo de Venezuela, su gobierno, su fuerza armada y sus órganos de seguridad decidir si el destino del país es el de Nicaragua 2018 o el de Honduras 2025. “Killing me softly” es la película preferida de Laura Dogu.

Venezuela debe responder con unidad y más unidad, apoyo a la administración de la presidenta encargada que se deberá concretar en más poder popular, mejor gestión económica y un mayor vínculo con gobernadores y alcaldes que son los que conocen su territorio y que pueden servir de correa de transmisión entre el pueblo y la presidenta y viceversa, para avanzar en la territorialización de la defensa y lograr el objetivo de hacer de Venezuela un país inexpugnable.

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LOS INVISIBLES DE LA OPERACIÓN ZAMORA
 
                                     
Kléber Ramirez

Operación Zamora es el nombre de la insurrección cívico-militar ocurrida el 4 de febrero de 1992, bautizada de esta manera como homenaje a Ezequiel Zamora, el General del Pueblo Soberano y líder de la Guerra Federal. Zamora, junto a Simón Bolívar y Simón Rodríguez, inspiraron la fundación del Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200), organización responsable de la ejecución de esta rebelión.

Han transcurrido 34 años desde que apareció en las pantallas de los televisores, un militar con boina roja, desconocido hasta ese momento, diciendo: “Lamentablemente, por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados en la ciudad capital… yo, ante el país y ante ustedes, asumo la responsabilidad de este movimiento militar bolivariano… vendrán nuevas situaciones y el país tiene que enrumbarse definitivamente hacia un destino mejor”, frases cargadas de esperanza que, junto al rostro mestizo del hombre que las pronunció quedaron tatuadas en la memoria del pueblo, pero en esa memoria faltan muchos datos, algunos relacionados con la Operación Zamora.

Se incorporan los invisibles (civiles)

Mientras se encontraba entre las labores del campo y la reflexión política, Kléber Ramírez, quien había sido dirigente estudiantil de la UCV, miembro de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), organización guerrillera que combatió contra los gobiernos de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, fundador del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), intelectual e ideólogo de la izquierda, además de profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), un día del año 1990 se encontró con el teniente coronel Arias Cárdenas, quien sería uno de los líderes de la Operación Zamora. Intercambiaron ideas, opiniones y propuestas que generaron una relación política de mucha confianza.

Sobre sus contactos y reuniones con Arias Cárdenas, Kléber Ramírez narra en su libro Historia documental del 4 de febrero: “Terminé mi libro Venezuela, la IV República, del cual, aún en borrador, le entregué una copia al comandante Arias Cárdenas para obtener sus observaciones, a la vez que le expliqué mi concepción del Estado venezolano y del proyecto que de allí surgía. A partir de ese momento mis contactos con Arias Cárdenas fueron fluidos. El libro salió de la imprenta en agosto de 1991 y aproveché el hecho de su presentación en diferentes ciudades del país, para establecer contactos e ir preparando la participación civil en la insurrección que se gestaba, precisamente para que el movimiento no se quedara en un simple golpe militar.”

Prosigue Kléber Ramírez: “No hubo tiempo de consolidar las posiciones civiles, porque si militarmente se estaba trabajando desde hacía ocho años, en el campo civil se trabajó escasos ocho meses. En este sector había mucha reticencia; esto imposibilitó que en ese breve tiempo hubiéramos podido construir estructuras para participar mancomunada y decididamente en la acción”.
Yoel Acosta Chirinos, teniente coronel participante en el movimiento militar, dice acerca de los aportes de los civiles a la rebelión: “Unos pensadores convocados por Arias: Luis Cipriano Rodríguez, Kléber Ramírez, Núñez Tenorio, Pedro Duno, entre otros, dieron forma a la base teórica y al programa de la democracia participativa y protagónica”.

Baltazar Ojeda Negretti. Comandante Elías, legendario guerrillero que participó en la toma de la base aérea Francisco de Miranda (La Carlota) el 4F.
 
La desconfianza

A pesar de que históricamente ha existido en Venezuela vinculación de miembros de la Fuerza Armada con los movimientos de izquierda, hecho demostrado en los alzamientos como El Carupanazo, El Porteñazo (insurrecciones militares contra el gobierno de Rómulo Betancourt), la participación de Manuel Ponte Rodríguez, en las FALN, las organizaciones de izquierda y los militantes revolucionarios cuando se les planteó, a finales de 1991, incluso la misma tarde del 3 de febrero de 1992, la necesidad de incorporarse a una insurrección armada que preparaban oficiales del Ejército, muchos se negaron, otros se acercaron con dudas pero al final se incorporaron.

Róger Bastardo, militante de la Corriente Histórico Social (CHS), narra que la tarde del 3 de febrero se presentó en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Carlos Lanz, líder de CHS y veterano militante revolucionario; este convocó a una reunión de emergencia en la Escuela de Filosofía a la que asistieron: Luis Villafaña, Edgar Pérez (El Gordo), el mismo Bastardo, entre otros, y luego de una larga discusión por la desconfianza que generaba articular cualquier acción con miembros de las Fuerzas Armadas Nacionales que habían masacrado al pueblo hacía apenas dos años, Lanz logra convencer a los asistentes con el argumento de que Kléber Ramírez era el enlace con los militares.

Las armas no llegaron

La misión de este grupo consistía en controlar la Redoma de La India, en La Vega, y neutralizar un comando de la Disip (policía política de la cuarta república) que quedaba en Montalbán; la operación no pudo ejecutarse porque las armas que debieron recibir no llegaron.

Algo similar ocurrió en el 23 de Enero; los miembros de la Coordinadora Simón Bolívar, Juan Contreras, Freddy Parra y Albert Reverón, tenían conocimiento de la actividad que se desarrollaría en la madrugada del 4 de febrero, la misión de los militantes de la Coordinadora, cosa que ya habían hecho en innumerables ocasiones, era controlar la avenida Sucre, corredor que permitía comunicar al Palacio de Miraflores con los barrios del oeste de Caracas y a su vez impediría la llegada de la Marina, que no participaba de la insurrección.

Según lo acordado con la dirección de la Operación Zamora, los líderes de la Coordinadora Simón Bolívar debían presentarse en el Museo Histórico Militar, hoy Cuartel de la Montaña, donde recibirían las armas. Parra, Contreras y Reverón se presentaron: “Somos los lanceros de Páez”, diciendo el santo y seña que les abriría el paso al comandante de ese lugar, pero los centinelas no les permitieron comunicarse con el teniente coronel que desde el Museo comandaba la operación de la toma de Caracas.

Experiencia guerrillera
 
                                   Aeropuerto la Carlota
 
Carlos Mejías, veterano combatiente revolucionario, miembro del Frente Guerrillero José Leonardo Chirino, que estuvo combatiendo en las montañas de Lara, Yaracuy y Falcón y en la guerrilla urbana en Caracas y otras ciudades de Venezuela, en ambos frentes bajo las órdenes de Baltazar Ojeda Negretti, relata: “La gente del MEP no tenía experiencia militar, por eso me buscan y me nombran responsable militar de un grupo llamado Simón Bolívar, entonces convoco a Baltazar y él convoca a varios combatientes, entre ellos a un capitán retirado de la aviación de apellido Brito y se involucran en el movimiento”.

Prosigue Mejías: “La última reunión donde estuve con Chávez fue en San Antonio de los Altos, el hombre pide apoyo para poder controlar la ciudad porque no tenían suficiente personal, entonces me voy para el 23 de Enero y busco a Juan Contreras, voy con Kléber Ramírez, conversamos con Juan y él se incorpora, la misión de su gente era controlar la avenida Sucre, así fui haciendo contactos y coordinando la participación de civiles. Las operaciones militares de ese día requerían mucha gente y como La Carlota es muy grande, nosotros nos fuimos para allá, el asalto lo comandó Yoel Acosta Chirinos, que era teniente coronel, comandante del Batallón de Paracaidistas José Leonardo Chirino, de Maracay. Los civiles, entre los que estaba Baltazar, éramos un grupo de 30 personas que nos apostamos en el estacionamiento del CCCT, un poquitico antes de las 12 observamos el inicio de la operación y de inmediato procedimos a tomar la entrada principal de la base aérea; como Baltazar había sido mi comandante en la montaña y en la guerrilla urbana, yo le tenía mucho respeto, él terminó dirigiendo la operación. Logramos tomar la entrada sin hacer un solo disparo, ahí quedamos tres personas, Baltazar se fue con un grupo para la comandancia, fueron llegando oficiales leales al gobierno y nosotros los íbamos poniendo presos, incluso detuvimos al comandante general de la aviación Eutimio Fuguet Borregales, pero de eso nos enteramos después porque no lo conocíamos, los desarmamos y los subimos a un autobús que llenamos de puros oficiales presos. Baltazar detectó a unos oficiales que estaban escondidos en un sótano y decidió sacarlos con gas lacrimógeno, también los rendimos a todos, logramos tener el control de la mayor parte de la base”.

“Habíamos perdido las comunicaciones con el resto de los participantes en la rebelión. No sabíamos lo que estaba pasando en el resto de la ciudad, la toma del Palacio (Miraflores) había fracasado pero no lo sabíamos, de pronto observamos una columna de tanques que venía por la autopista y le pregunto a Yoel Acosta Chirinos, que era el jefe de nuestra comandancia, si esos tanques eran nuestros; el hombre me dice que no sabe porque no se ha podido comunicar con nadie, eran casi las 6 de la mañana”, cuenta Mejías.

“Nos vamos para la prevención y llega un general en un tanque y un teniente rebelde que está a mi lado me dice que en el movimiento no hay generales, que el grado más alto es teniente coronel, los tanques entran sin resistencia a la pista, más atrás venía una columna de carros de combate pero nadie les dispara, al rato se prendió el tiroteo, hubo plomo de todos los calibres, la Operación Zamora había fracasado”.

“En un momento llamo a Baltazar y le digo que debemos retirarnos y el hombre se molesta y me dice ‘¡¿Estás cagao?, yo me quedo!’. Yo me retiré con un grupo que se había incorporado que venía de El Cementerio, monté a la gente en varios carros y yo me fui de último. Logré retirarme con unas armas que luego se emplearon en el alzamiento del 27 de noviembre”.

También en Carabobo

Estudiantes de la Universidad de Carabobo (UC) y del Tecnológico de La Manguita en Valencia, también participaron en la Operación Zamora, allí cayeron asesinados a manos de la policía de ese estado gobernado por Enrique Salas Römer: Gilberto Peña, estudiante del entonces Tecnológico de La Manguita; Columba Guadalupe Rivas Bracho, Ángel Alberto Ruiz y José Hildemaro Zerpa Miota, estudiantes de la UC.

 
 
Con las botas puestas
 
El 7 de septiembre de 1992, en el aeropuerto La Chinita, en el estado Zulia, cae en combate Baltazar Ojeda Negretti, comandante Elías, mientras trataba de tomar una aeronave para liberar, porque estaba preso en la cárcel de Yare, al líder de la Operación Zamora, al oficial de la boina roja, al mismo que había dicho “Por ahora”, recuperando para el pueblo la esperanza perdida, al que dejó de ser un desconocido para convertirse para siempre en el Comandante Chávez.

Seis años, 10 meses y 2 días después del 4 de febrero de 1992, vinieron nuevas situaciones y el país se enrumbó definitivamente hacia un destino mejor.

Jesús Arteaga


 

 

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