iNVITACIÓN AL ACTO DE JUTAMENTACIÓN DE LOS INTEGRANTES DEL CONSEJO COMUNAL BOLIVARIANOS DE MONTE SACRO/// Ni permiso, ni perdón por. Carola Chávez/// Desmontando la falacia Trumpista sobre los 65 mil millones de barriles Jesús Pérez Talavera

Invitación 

SE INVITA A LA COMUNIDAD DE COLINAS DE BELLO MONTE AL ACTO DE JURAMENTACIÓN DEL EQUIPO DE VOCEROS Y VOCERAS ELECTOS EN LAS PASADAS ELECCIONES DEL 15 DE AGOSTO, RELIZADAS EN LA SEDE DEL CONNSEJO COMUNAL BOLIVARIANOS DE MONTE SACRO EN LA AV. CARONÍ, QUINTA CARLUI NO. 2510 ENTRE CALLE CAURA Y MOTATAN, CASA DE LOS ABUELOS, UNA CUADRA MÁS ARRIBA DE UNICASA, COLINAS DE BELLO MONTE

EL ACTO DE JURAMENTACIÓN ESTARÁ A CARGO DE NUESTRO DIPUTADO POR EL CIRCUITO  ELECTORAL No. 2 DEL CNE (BARUTA-CHACAO-EL HATILLO). DIP. fRANCISCO RAÚL RONZALEZ, SECRETARIO COORDINADOR DE ECONOMÍA PRODUCTIVA DE LA GOBERNACIÓN BOLIVARIANA DE MIRANDA.
 
TODO AQUEL VECINO QUE DESEE ASISTIR EL SÁBADO 5 DE AGOSTO A LAS 3 PM A NUESTRA SEDE, PARA EL ACOMPAÑAMIENTO DE LA JURAMENTACIÓN, ESTÁ EN LIBERTAD DE HACERLO...
 
¡COMUNA O NADA!
 
Laureano Seijas 
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Ni permiso, ni perdón 

por. Carola Chávez

Hace años, en 2011, durante una reunión de lo más selecto de la intelectualidad de izquierda europea y latinoamericana, fue imposible llegar a un acuerdo para hacer una declaración en defensa de Gadafi y del pueblo libio ante las agresiones de la OTAN. La raíz del desacuerdo era la misma de siempre: Gadafi no era Marx, la revolución libia no era como dice el librito y había y hay intelectuales del todo o nada que llegaron hasta a exponer que no sería malo que la OTAN derrocara a Gadafi; y de ahí empezar a construir con los escombros una revolución verdaderamente de izquierda. Esto es historia vivita y coleando.

En esos mismos días me invitaron a unirme a ese grupo. Tuve que declinar por dos razones: la primera es que no soy una intelectual, no me gustaría ser eso que son aquellos que dicen serlo. Es una pose que no me queda porque a mí me gusta caminar pisando tierra, con los pelos del burro en la mano. Me gusta ir entendiendo y aprendiendo, mucho más que ir dando lecciones. Me gustan las palabras y las cosas con sustancia.

La segunda razón, y esa fue la que expuse, es que yo no soy de esa izquierda. Yo lo que soy es chavista, que no es poca cosa, y como chavista me preocupaba mucho que un movimiento tan "importante" de gente tan "brillante" no fuera capaz de entender, respetar y defender los distintos modos que crean los pueblos para construir su liberación. 

Me preocupaba mucho, y así lo dije, que entonces era a Gadafi y su pueblo, pero que bajo esa óptica miope de soberbia, mañana segurito iba a ser Chávez y el chavismo. Porque deben saber ustedes que, como se dijo del peronismo, porque hacía las cosas a su particularísimo modo, los chavistas somos incorregibles.

Es que, desde siempre, el chavismo ha estado bajo la lupa de esa izquierda de vitrina cuyo concepto de "defensa de los pueblos" es subirse a un pedestal de cartón piedra y girar  instrucciones o "valiosas críticas", sobre todo estas últimas, empapadas de la superioridad moral de quien nunca se ha tirado un peo. Los hemos sufrido desde que Chávez asomó su boina roja allá en febrero de 1992.

Chávez siempre estuvo en ese limbo de duda donde la izquierda intelectual pone los líderes que hacen las revoluciones posibles. Los valientes líderes revolucionarios que casi nunca se parecen a lo que esa intelectualidad cree que deben parecerse. Lo mismo les pasa con los pueblos en revolución. ¡Al limbo todos!

Su timming siempre es perfecto. Cuando estábamos en uno de los momentos más delicados de nuestra relación con Colombia, la "intelectualidad de izquierda" acusó a Chávez de traidor por el caso de la deportación de un periodista colombiano. Aquello, más que un caso, parecía una trampa de esas que, hagas lo que hagas, te van a embarrar. La izquierda perfecta no escatimó en lanzar barro.

Lo mismo pasó con el caso del cantor de las Farc. Aquel escándalo, aquella lloradera, aquella indignación sin tener la menor idea de lo que estaba pasando. Y es que hay cosas que no se pueden explicar y no se explican, pero que si uno tiene medio dedo de frente y estudia el contexto las entiende. Y si sabíamos que Chávez era Chávez, esa lloradera y esas acusaciones estaban absolutamente fuera del perol. Pero ellos, que son tan sabios e inteligentes, no vieron el charquito amarillo.

Contra Nicolas fueron aún más implacables. No tuvieron ni un poquito de piedad con el pueblo chavista que luchaba junto a su presidente con el alma huérfana arrugadita en el pecho.

Estando bajo los más severos ataques a nuestra economía, se apartaron como si fuéramos la peste, y peor aún, hacían sus campañas usándonos como el mal ejemplo que no querían para su país: el insultante "No somos Venezuela" les parecía un eslogan inteligentísimo y más si le agregaban jocosamente que ellos sí tenían papel toilet. Eso sí: jamás mencionaron las causas reales de nuestras dificultades.

A Nicolás Maduro lo acusaron de destruir el legado de Chávez desde el primer día hasta el 3 de enero. Ahora la malvada, traidora, destructora del legado que Nicolás destruyó es Delcy Rodriguez, y aprovechen, que de paso es mujer. 

Bebiendo de la fuente del enemigo, se unen con ligereza a una brutal campaña de desmoralización contra el chavismo que hoy, en su momento más difícil, maniobra defendiendo no solo su existencia sino la de Venezuela toda. No nos dejamos joder y es eso lo que no nos perdona esa izquierda soberbia, necia y ramplona. No nos perdonan que siempre hagamos lo imposible. Que no nos sacrifiquemos en el altar de sus dioses ateos. Que nos levantemos tras cada derrota. Que torzamos a favor el destino en contra haciendo lo que tenemos que hacer, chavistamente, sin pedirles ni permiso, ni perdón.
 
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Desmontando la falacia Trumpista sobre los 65 mil  millones de barriles
Jesús Pérez Talavera 
Resumen
 


El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, anunciado por Donald Trump a finales de  agosto de 2026, ha sido presentado por el presidente como una toma de control sobre 65 mil millones de barriles de crudo venezolano. Este ensayo desmonta dicha narrativa a partir del análisis del especialista Franco Vielma, demostrando que se trata de una operación de performance política con fines electorales internos en EE.UU., desvinculada de la realidad jurídica y operativa venezolana. Se argumenta que el acuerdo responde a necesidades estructurales de ambos países —la urgencia de Washington por abaratar costos energéticos en medio de una guerra fallida contra Irán, y la necesidad de Caracas de monetizar sus reservas tras 12 años de sanciones y medidas coercitivas unilaterales—, y que la propiedad de los recursos en el subsuelo permanece intransferible según la Ley Orgánica de Hidrocarburos. El artículo contextualiza este proceso en el escenario geopolítico posterior al ataque militar estadounidense del 3 de enero de 2026 contra el gobierno de Nicolás Maduro, y sostiene que el chavismo, lejos de rendirse, ha emplazado al capital norteamericano a relacionarse en sus propios términos.

Palabras clave: Acuerdo petrolero Venezuela-EE.UU., geopolítica energética, Ley Orgánica de Hidrocarburos, sanciones y medidas coercitivas, realpolitik.

Introducción

El 29 de agosto de 2026, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció lo que calificó como "el mayor acuerdo petrolero en la historia". Según sus declaraciones, Washington aseguraba el control mayoritario de 65 mil millones de barriles de las reservas probadas de Venezuela, lo que permitiría a su país más que duplicar sus reservas de crudo. La noticia, difundida con bombos y platillos en las redes del mandatario y recogida por medios internacionales, fue presentada como una victoria rotunda de la política exterior trumpista.

Sin embargo, como advierte el analista venezolano Franco Vielma —sociólogo del desarrollo y especialista en hidrocarburos que ha acompañado el proceso chavista desde sus inicios y ha sido analista de PDVSA—, la narrativa de Trump no resiste el menor análisis riguroso. Se trata, en sus propias palabras, de un discurso con "tufo de campaña política" dirigido a los votantes estadounidenses, no a los venezolanos. El presente artículo se propone desenmascarar esta mentira —una más en la extensa trayectoria de falsedades del presidente Trump—, contrastando el relato trumpista con la realidad jurídica, operativa y geopolítica del acuerdo, a la luz del análisis de Vielma y del contexto marcado por la agresión militar del 3 de enero de 2026 contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores.

1. La guerra contra Irán y el Estrecho de Ormuz como trasfondo real del acuerdo

Vielma sostiene que el acuerdo petrolero con Venezuela "está más relacionado a Irán y el Estrecho de Ormuz que a las necesidades reales de crudo de EE.UU.". Esta afirmación cobra pleno sentido a la luz del contexto: Trump ha declarado que el crudo extraído de Venezuela ha cubierto el costo de la guerra contra Irán en "40 ocasiones", y ha apuntado a la firma de un acuerdo para poner fin a ese conflicto. La guerra en el Golfo Pérsico, el bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz y el empantanamiento militar han elevado los precios de los combustibles en EE.UU., golpeando duramente la popularidad de Trump de cara a las elecciones parlamentarias de noviembre de 2026. En este escenario, presentar un "acuerdo histórico" con Venezuela que garantice petróleo a bajo costo en el hemisferio se convierte en un recurso performativo para maquillar un fracaso en Oriente Medio.

2. La mentira de la "transferencia de propiedad": el marco legal venezolano

El núcleo del engaño trumpista reside en la afirmación de que EE.UU. "se adueña" o "toma control" de 65 mil millones de barriles. Vielma es contundente: "Sacar 65 mil millones de barriles de petróleo tardaría 60 años si se producen 3 millones de barriles al día en los 17 campos que Venezuela ha concesionado. Esos números no existen hoy". Más importante aún: la Ley Orgánica de Hidrocarburos (LOH) establece que "los recursos en yacimientos (reservas) son intransferibles estando bajo tierra. Pertenecen a la nación. Lo que el Estado otorga son derechos de explotación".

Esta disposición, vigente desde la reforma de 2001 y preservada en las modificaciones posteriores, hace jurídicamente imposible que una empresa extranjera —o cualquier entidad privada— se abrogue la propiedad del petróleo en el subsuelo. Lo que se concesiona son derechos de explotación, sujetos a los términos y duración de cada contrato. La propia OFAC, en una medida que Vielma destaca, autorizó a empresas estadounidenses a adecuarse a las leyes venezolanas, reconociendo implícitamente la vigencia de este marco legal.

3. El desfase entre el discurso y la realidad operativa

El acuerdo contempla el desarrollo de "17 campos estratégicos", pero Venezuela posee 350 campos. Los 65 mil millones de barriles que menciona Trump representan el 21,5% de las reservas probadas del país (300 mil millones). Lejos de ser "todo el petróleo" —como han titulado algunos medios y redes sociales—, se trata de una fracción significativa pero minoritaria.

Además, la producción actual de crudo venezolano cerró julio de 2026 en 1.200.000 barriles diarios, muy lejos de los 3 millones que menciona Vielma como umbral para extraer 65 mil millones en seis décadas. Alcanzar la meta de 1,5 millones de barriles diarios que ha mencionado la presidenta encargada Delcy Rodríguez requerirá inversiones masivas y plazos que desmienten cualquier narrativa de apropiación inmediata.

4. La flexibilización de sanciones como síntoma de necesidad estructural

Vielma subraya que el acuerdo "no es el resultado de una concesión graciosa, sino el síntoma de una necesidad estructural irremplazable del mercado energético norteamericano (buscar precios bajos)". Esta lectura se confirma con la modificación de ocho licencias generales de la OFAC, incluidas las 46D, 47B, 48C, 50C, 51C, 52B, 54B y 61A, que flexibilizan las sanciones para permitir operaciones en los sectores petrolero, gasífero, minero y de telecomunicaciones. Las licencias 46D y 47B autorizan mecanismos de canje de crudo y servicios logísticos.

No es casualidad que estas medidas se hayan anunciado a finales de agosto, cuando la guerra contra Irán acumula meses de desgaste y el costo de la gasolina en EE.UU. se ha convertido en un problema electoral mayúsculo. Washington necesita crudo venezolano para estabilizar precios, y está dispuesto a ceder en su política de máxima presión para obtenerlo.

5. La reversión bidireccional: el chavismo y el pragmatismo energético

"El chavismo haciendo un acuerdo petrolero integral con EE.UU. suena a cine del absurdo", ironiza Vielma. Pero la realidad supera la ficción. El autor recuerda que "Venezuela (incluyendo a los mismos Hugo Chávez y Nicolás Maduro) siempre han reconocido a EE.UU. como un mercado natural y gran cliente del petróleo venezolano. El país nunca cerró las puertas a ciertos negocios, fue EE.UU. quien lo hizo, primero cuando Exxon y Conoco se retiraron de la Faja, y luego con sanciones".

Ahora, tras 12 años de sanciones y medidas coercitivas unilaterales acumuladas, Venezuela ha logrado emplazar al capital estadounidense a relacionarse con el chavismo en sus propios términos. La reforma de la LOH, lejos de ser una rendición, otorga al Estado venezolano "espacio de maniobra para llevar a cabo su gestión estratégica", manteniendo a PDVSA como "el exclusivo" operador. La realpolitik —dice Vielma—


"ocurre en 4K, 3D, con realidad aumentada y esteroides".

6. El factor Venezuela: necesidad de monetizar y reconstruir

Del lado venezolano, el acuerdo responde a una necesidad igualmente estructural. El país "necesita sacar ese petróleo, monetizarlo, obtener beneficios". El ciclo de 12 años de sanciones y medidas coercitivas unilaterales ilegales, así como el bloqueo financiero, comercial y naval, ha estrangulado la economía. Como admite el propio Vielma, hay "demandas poblacionales neuralgicas e impostergables".

El acuerdo contempla unos 100 mil millones de dólares en inversión privada y más de 209 mil millones de dólares en tributos para el Estado. Se trata de cifras que, de materializarse, podrían impulsar la reconstrucción de una economía devastada. El régimen de regalías no es idéntico en cada campo —no es lo mismo uno maduro que uno verde—, por lo que el detalle de cada contrato será determinante para evaluar la ventaja comparativa para Venezuela.

7. El contexto del 3 de enero de 2026 y sus implicaciones

No puede entenderse este acuerdo sin considerar el evento que lo precedió: el ataque militar estadounidense del 3 de enero de 2026, que resultó en el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores. El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, denunció que "la mayoría de los escoltas y guardaespaldas que protegían a Nicolás Maduro fueron asesinados a sangre fría", y el gobierno cubano informó la muerte de 32 de sus ciudadanos en las acciones combativas.

Este acto de agresión, condenado por la FANB y por instancias internacionales, no doblegó al chavismo. Por el contrario, la resistencia operativa venezolana logró que, ocho meses después, Washington se viera forzado a negociar un acuerdo que reconoce la soberanía jurídica de Venezuela sobre sus recursos. Como afirma Vielma, la resistencia venezolana "emplazó al capital estadounidense a relacionarse con el chavismo". El acuerdo no es una capitulación, sino el resultado de una correlación de fuerzas en la que Venezuela ha sabido jugar sus cartas.

Consideraciones finales

El análisis de Franco Vielma permite afirmar, sin temor a equivocación, que la narrativa de Donald Trump sobre el acuerdo petrolero con Venezuela constituye una mentira de proporciones mayúsculas, diseñada para consumo interno de la audiencia estadounidense en un contexto electoral adverso. La supuesta "toma de control" de 65 mil millones de barriles es jurídicamente inviable, operativamente irrealizable y geopolíticamente descontextualizada.

El verdadero significado del acuerdo se inscribe en la lógica de la realpolitik: Washington necesita petróleo barato para mitigar los costos de una guerra fallida contra Irán; Caracas necesita inversión para monetizar sus reservas y reconstruir su economía tras más de una década de asfixia por sanciones y medidas coercitivas. Ambas necesidades son legítimas y, como bien señala Vielma, no son excluyentes: "ciertas verdades aparentemente opuestas no son excluyentes entre sí. Ambas pueden convivir en el plano real".

El chavismo, lejos de ser un actor pasivo o derrotado, ha demostrado una capacidad de resistencia y adaptación que lo ha llevado a convertir una agresión militar en una oportunidad de reincorporación al mercado energético global en condiciones jurídicamente favorables. La reforma de la LOH y la flexibilización de sanciones son testimonios de que Venezuela sigue siendo dueña de su destino y de sus recursos.

Conclusión

El acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos, anunciado por Donald Trump en agosto de 2026, no es una cesión de soberanía ni una apropiación de recursos. Es, ante todo, un síntoma de las contradicciones del imperialismo estadounidense, atrapado entre sus aventuras bélicas en Asia Occidental y su dependencia estructural de fuentes energéticas estables y de bajo costo. Es también un testimonio de la resistencia del pueblo venezolano y de la capacidad de su gobierno para extraer concesiones de un adversario que, pese a su abrumadora superioridad militar, no ha logrado doblegar la voluntad nacional.

Desenmascarar las mentiras de Trump —esa "guerra cognitiva" de la que habla Vielma— es un imperativo ético y político. La verdad jurídica es clara: las reservas bajo tierra son intransferibles, pertenecen a la nación, y lo que se ha concesionado son derechos de explotación sujetos a la ley venezolana. La verdad operativa es igualmente diáfana: extraer 65 mil millones de barriles tomará décadas y requerirá inversiones que apenas comienzan. La verdad geopolítica es ineludible: el acuerdo es hijo de la necesidad, no de la generosidad, y beneficia a ambos países en la medida en que ambos han sabido reconocer sus intereses mutuos.

En palabras de Vielma: "La realpolitik y el pragmatismo ocurren en 4K, 3D, con realidad aumentada y esteroides". Ha llegado la hora de verla con claridad.

Referencias

BBC News Mundo. (2026, enero 4). El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino, acusa a EE.UU. de "asesinar a sangre fría" a miembros de la seguridad de Maduro y a "civiles inocentes". https://www.bbc.com/mundo/articles/cx2pvm092p2o.lite

Correo del Orinoco. (2026, enero 23). Padrino López: "Venezuela fue el laboratorio para usar armas desconocidas". https://correodelorinoco.gob.ve

Cubadebate. (2026, enero 15). Declaración sobre agresión militar a la República Bolivariana de Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Dra. Cilia Flores de Maduro. https://misiones.cubaminrex.cu

DLA Piper. (2026, febrero 13). US government unauthorizes US entities to transact in Venezuelan-origin oil. https://www.dlapiper.com

La Jornada. (2026, agosto 28). Amplía EU sus operaciones con los sectores estratégicos de Venezuela. https://www.jornada.com.mx/2026/08/28/mundo/021n3mun

Noticias Venevisión. (2026, agosto 27). OFAC flexibiliza licencias generales sobre petróleo, gas, minería telecomunicaciones en Venezuela. https://noticiasvenevision.com/noticias/economia/ofac-flexibiliza-licencias-generales-sobre-petroleo-gas-mineria-telecomunicaciones-en-venezuela

Orinoco Tribune. (2026, febrero 25). "We're Playing the Caribbean Game": Franco Vielma on Venezuela's Hydrocarbons Law and Strategic Resistance. https://orinocotribune.com/were-playing-the-caribbean-game-franco-vielma-on-venezuelas-hydrocarbons-law-and-strategic-resistance/

Página/12. (2026, agosto 29). Estados Unidos se quedó con 65 millones de barriles del petróleo de Venezuela. https://www.pagina12.com.ar/2026/08/29/estados-unidos-se-quedo-con-65-millones-de-barriles-del-petroleo-de-venezuela/

Vielma, F. (2026). Sobre el acuerdo petrolero entre Venezuela y Estados Unidos [Análisis inédito].
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