La feria electoral para el Plan de Renovación de Vocerías de los Consejos Comunales 2026 arranca el 15 de agosto de 2026.///La cumbre de la hipocresía: EE.UU. declara la guerra a las reivindicaciones sociales bajo la máscara del "antiterrorismo"Por Mauricio Castillo///Venezuela 2026, Argentina 1955. Chavismo y peronismo. Hacia una organización movimientista para enfrentar el protectorado. Sergio Rodriguez Gelfenstein

 

El Ministerio de Comunas instruye a los consejos comunales cuyo período de gestión ha concluido o está por vencerse.

La feria electoral para el Plan de Renovación de Vocerías de los Consejos Comunales 2026 arranca el 15 de agosto de 2026

Marcando el inicio de los procesos de participación del Poder Popular en varios estados del país como y particularmente en el Estado Bolivariano de Miranda.

El Consejo Comunal Bolivarianos de Monte Sacro se suma a la feria Electoral convocada por el Ministerio de Comunas para ir este sábado 15 de agosto a la renovación de las vocerias que constituyen nuestro consejo Comunal. 
 
Invitamos a los habitantes de la comunidad de Colinas de Bello Monte para que participen en la selección de los hombres y mujeres  que llevarán la rienda social de los diversos eventos en la Comunidad. 
 
VOTA en el Proceso Electoral que se realizará en la sede del CONSEJO COMUNAL BOLIVARIANOS DE MONTE SACRO.
 
Únicos Requisitos:
👉Cédula de Identidad
👉Vivir en Colinas de Bello Monte
👉Contar con Más de 15 años de  edad 
 
Día: Sábado 15 de agosto 2026
Hora: 8 am a las 6 pm 
Dirección: Av. Caroní, Quinta Carlui No. 2510 (Casa de los Abuelos); entre calle Caura y Motatan, una cuadra más arriba de UNICASA, Colinas de Bello Monte. 
 
 
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La cumbre de la hipocresía: EE.UU. declara la guerra a las reivindicaciones sociales bajo la máscara del "antiterrorismo"

Por Mauricio Castillo


Washington D.C. – Bajo el reluciente mármol del Departamento de Estado, Marco Rubio no convocó a 66 países para salvar vidas, sino para salvar un sistema. Lo que el establishment bautizó como una "hoja de ruta contra el terrorismo de izquierda" no es más que el manual de instrucciones para criminalizar la disidencia global. Lo que vimos el 16 de julio no fue una cumbre de seguridad; fue la declaración de guerra de la élite estadounidense contra cualquier pueblo que ose alzar la voz por justicia social.

El Embajador LoGerfo insiste en que "no se limita la libertad de expresión", pero la letra pequeña de los cuatro pilares dice todo lo contrario. Analicemos la farsa:

1. "Inteligencia compartida" es vigilancia masiva. No buscan terroristas, buscan sindicalistas, líderes indígenas, estudiantes ambientalistas y campesinos que luchan por la tierra. Armonizar marcos legales no es cooperación judicial; es fabricar delitos universales para perseguir activistas a través de fronteras, convirtiendo al mundo en un único calabozo geopolítico.

2. "Control de fronteras" es un derecho de admisión excluyente. Rubio ya anunció vetos migratorios selectivos. La nueva política de visados no protegerá a EE.UU.; protegerá a sus corporaciones. Cualquier extranjero que haya participado en una huelga general o en una movilización contra el cambio climático será tildado de "extremista". Es el fin del asilo para los perseguidos políticos, sustituido por una lista negra del imperio.

3. "Protección de infraestructuras" es la militarización de la vida cotidiana. Al señalar el transporte y la energía como "objetivos recurrentes", lo que realmente buscan es blindar las ganancias de los monopolios. Las protestas que cortan una carretera para exigir salarios dignos o que bloquean una refinería para frenar el ecocidio serán tratadas con el mismo rigor que un atentado. Es el cheque en blanco para la represión policial en cualquier rincón del planeta.

4. "Desfinanciamiento y recompensas" es la caza de brujas del siglo XXI. Ofrecer 10 millones de dólares por "información" es comprar delatores y romper la solidaridad entre pueblos. No buscan financiación terrorista; buscan secar las donaciones que reciben las organizaciones de derechos humanos, las cooperativas y los movimientos populares. Es un soborno institucional para destruir la fraternidad internacional.

La historia nos enseña que EE.UU. siempre llama "terrorismo" a lo que no puede controlar. Cuando los pueblos del sur reclaman soberanía sobre sus recursos, son "narcoterroristas". Cuando los trabajadores exigen un salario justo, son "extremistas". Cuando las mujeres luchan por sus derechos reproductivos, son "ideólogas peligrosas". La Casa Blanca ha perdido el miedo a la izquierda radical, porque esa "izquierda" no existe más que en sus pesadillas; lo que les aterra es la izquierda real: la que organiza comedores populares, la que alfabetiza en las favelas, la que defiende el agua y la semilla.

Por eso, llamamos a los países del mundo y a los pueblos libres a la organización social inmediata.

No podemos permitir que esta cumbre sea el prólogo de un nuevo macartismo global. Es hora de que los gobiernos del Sur Global, los parlamentos nacionales y la sociedad civil alcen la voz para declarar persona non grata a esta doctrina intervencionista. Debemos construir redes de protección legal para activistas, crear mecanismos de solidaridad financiera alternativos y defender el derecho inalienable a la protesta social consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Frente a las amenazas de visados, respondamos con hermanamiento. Frente a las recompensas por delatores, respondamos con confianza comunitaria. Frente a la inteligencia compartida del imperio, respondamos con la inteligencia colectiva de los movimientos sociales.

La cumbre de Rubio no es el principio del fin de las protestas; es el principio del fin de la impunidad gringa. El mundo no está condenado a elegir entre sumisión o terrorismo. Hay una tercera vía: la resistencia pacífica, masiva y organizada. Desde las calles de París hasta las montañas de Chiapas, desde las favelas de Brasil hasta las plazas de Estambul, el pueblo es más fuerte que todas las fronteras y todos los sobornos.

Que Washington sepa que, por más dólares que gasten en espionaje, jamás podrán comprar el silencio de quienes luchan por un mundo más justo. ¡Organización internacional ya! ¡Ni un paso atrás en las reivindicaciones sociales! 
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 EL PÁIS

Marco Rubio convoca a 66 países a un encuentro para combatir a “los extremistas de izquierda” en todo el mundo

La “cumbre Antifa” se suma a la oferta del Departamento de Estado de ayudas de hasta tres millones de dólares a grupos europeos ideológicamente alineados con los ideales MAGA

 

El secretario de Estado, Marco Rubio, dio la bienvenida este jueves por la mañana (hora de la costa Este, seis más en la España peninsular) a representantes de 66 países europeos, asiáticos y americanos a una cumbre en la sede del Departamento de Estado, en Washington, para tratar lo que la Administración de Donald Trump percibe como un auge del terrorismo político de extrema izquierda en todo el mundo.

“Es una amenaza real y transnacional que ha existido durante décadas, pero que ahora experimenta un resurgimiento”, dijo Rubio en el discurso de apertura de una reunión que ha recibido el sobrenombre oficioso de “cumbre Antifa”, en referencia a un amorfo movimiento de activistas repartidos por todo Estados Unidos, que, si bien no está demostrado que exista como tal red organizada, obsesiona al Gobierno.

La de Rubio fue también, durante 20 minutos, una defensa de esa idea de Occidente convertida en entelequia que sirve de pegamento a la ultraderecha de todo el mundo. “Pueden llamarse anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas. Pero su naturaleza fundamental es siempre la misma: un resentimiento ponzoñoso, disfrazado con el lenguaje de la igualdad, la justicia y la liberación”, añadió el jefe de la diplomacia estadounidense sobre esos que, dijo, “atacan oleoductos y gasoductos; ferrocarriles; redes eléctricas y laboratorios; y los símbolos físicos y tangibles del poder y la invención”.

En un discurso que a ratos sonó a la época de la Guerra Fría, Rubio habló de la Organización Revolucionaria del 17 de noviembre, activa en Grecia desde los años setenta, de los grupos estadounidenses Weather Underground y el Ejército Negro de Liberación, de los Tupamaros uruguayos o de las Brigadas Rojas italianas. “Hoy nos enfrentamos a una nueva ola de este viejo mal”, insistió el jefe de la diplomacia estadounidense.

También describió una red transnacional conectada de “militantes de Antifa” que viajan para “participar en ataques conjuntos, canalizar propaganda y material de captación, e intercambiar información sobre objetivos a través de canales encriptados compartidos. Se desplazan mediante redes clandestinas de pisos francos, pagan sus operaciones con fondos transnacionales y colaboran con Estados extranjeros hostiles”.

El secretario Rubio, hijo de cubanos de Florida, criticó el “doble rasero” con el que se trata la violencia de la extrema izquierda frente a la de la ultraderecha. “Aún hoy, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda constituir una amenaza seria se considera una fantasía febril de la derecha o, peor aún, una peligrosa conspiración fascista. Así lo perciben muchos sectores de la prensa, del ámbito académico y universitario, así como muchas de nuestras instituciones tradicionales”.

A la reunión, que culmina una estrategia de ocho meses de proselitismo de aliados para la causa, asistieron 66 países, según una lista proporcionada a EL PAÍS por un portavoz del Departamento de Estado. Entre ellos, están España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Israel, Chile o Uruguay. En esa nómina no figuran México, China, Brasil, Nicaragua o Colombia (aunque un miembro del futuro Gobierno del presidente electo, Abelardo de la Espriella, estaba de visita este jueves en el Departamento de Estado). El nivel de los enviados por cada país varía. En el caso de España, acudieron dos consejeros de la Embajada de Washington: uno de la sección Política y otro, de Interior.

La cumbre llega días después de que el Departamento de Estado ofreciera subvenciones de hasta tres millones de dólares (2,6 millones de euros) a grupos europeos que comulguen con los ideales trumpistas del movimiento MAGA (Make America Great Again) y que combatan la “censura” de sus Gobiernos y trabajen por desarrollar “vínculos civilizatorios” entre Estados Unidos y Europa.

Esas subvenciones, de entre uno y tres millones, están pensadas para grupos de la sociedad civil y ONG europeas, así como instituciones educativas y entidades con ánimo de lucro, que busquen “abordar desafíos relacionados con la soberanía nacional, la migración, la censura y el uso del sistema judicial con fines políticos (lawfare)". La convocatoria para pedirlas se abrió el lunes.Marco Rubio, este jueves, en el Departamento de Estado.Jonathan Ernst (REUTERS)

Arquitectos contra el terrorismo

Al encuentro de este jueves asistieron también el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, que habló después de Rubio para repetir sus argumentos y para decir que, si los militantes de extrema “nunca tienen buena pinta”, es porque su orientación política les “ha dejado cicatrices en el cuerpo y ”su aspecto exterior se convierte en una manifestación de su odio interior".

Miller es uno de los arquitectos, junto a Sebastián Gorka, el zar de Trump contra el terrorismo, de la presión que Estados Unidos está ejerciendo sobre América Latina para poner al servicio de los intereses de Washington a la región. Esa doctrina Monroe 2.0 pasa por ejercer influencia en elecciones de diversos países y campañas conjuntas de persecución del narco, cuando no intervenciones militares como la que acabó con la captura de Nicolás Maduro en Caracas el pasado 3 de enero para ser juzgado en Nueva York. Bessent, que se presentó como víctima de un intento de atentado extremista, prometió, por su parte, que pondrá toda la maquinaria del Tesoro para presionar a los países para que ayuden a Estados Unidos en esta cruzada.

Ante la pregunta de por qué Estados Unidos lanza una iniciativa específica contra los “grupos de extrema izquierda” y obvia a los actores que operan desde parecidos márgenes en la derecha, el portavoz del Departamento de Estado, Tommy Piggott, defendió esta semana que aquellos son más “sofisticados”, y que sus amenazas han sido tradicionalmente menos atendidas.

En septiembre pasado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que ha convertido el fantasma del comunismo en su principal argumento de campaña a las puertas de las elecciones de noviembre, anunció la designación como grupo terrorista de Antifa, una constelación de organizaciones con tenues vínculos entre sí. Lo hizo una semana después del asesinato del líder juvenil MAGA y aliado de Trump, Charlie Kirk, por el que el republicano culpó a la “izquierda radical”. No hay pruebas de que el presunto asesino, un joven llamado Tyler Robinson, que ahora mismo está siendo juzgado en Utah, tuviera contacto con ninguna célula de extrema izquierda.

En noviembre, En noviembre, Washington designó a cuatro grupos europeos —Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria— como organizaciones terroristas extranjeras.—Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional, Justicia Proletaria Armada y Autodefensa de Clase Revolucionaria— como organizaciones terroristas extranjeras. Se ofrecen recompensas de hasta 10 millones de dólares a quien pueda aportar información sobre sus estrategias de financiación.

La publicación de la Estrategia de Contraterrorismo de Estados Unidos ya había desviado este mes de mayo el foco del terrorismo islamista como la principal fuente de preocupación para un país que se encamina a la celebración del 25° aniversario del 11-S, para priorizar el combate contra el narco y poner en el punto de mira (y equiparar con el yihadismo y las mafias de la droga) al supuesto enemigo en casa: esos “grupos políticos seculares violentos cuya ideología es antiamericana, radicalmente pro-transgénero y anarquista”.

En los últimos años, Estados Unidos ha registrado, según un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Institucionales (CSIS), un aumento en el número de ataques terroristas de izquierda, aunque esa violencia “sigue siendo muy inferior a los niveles históricos de [la] perpetrada por atacantes de derecha y yihadistas”. En 2025, dice también el citado análisis, el terrorismo de extrema izquierda “superó por primera vez en más de 30 años al de la extrema derecha violenta”. 

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Venezuela 2026, Argentina 1955. Chavismo y peronismo. Hacia una organización movimientista para enfrentar el protectorado.


Sergio Rodriguez Gelfenstein


Los acontecimientos sucedidos en Venezuela a partir del 3 de enero han significado una remezón profunda en la práctica política del país. Más allá de ponerse a buscar culpables y traidores, la mayor parte de las veces sin fundamentos y más bien motivados en respuestas emocionales al dolor y la impotencia que produjo el asesinato de un centenar de cubanos y venezolanos y el secuestro del presidente Maduro y su esposa, lo cierto es que el gobierno no fue capaz de evitar lo ocurrido y el partido de gobierno se paralizó hasta hoy, sin capacidad de encontrar respuestas que se superen la necesidad de sobrevivir ni plantear una propuesta política de cara al futuro.

Pero el pueblo venezolano, formado a través de la pedagogía política del Comandante Chávez en muy poco tiempo (menos de siete meses) ha ido encontrando fórmulas novedosas de organización y movilización que distan de las tradicionales en los últimos 25 años. La avalancha de reuniones, manifestaciones y declaraciones que se han producido en diferentes estamentos de la sociedad y que tuvieron un punto de inflexión el pasado 24 de julio en el aniversario del natalicio del Libertador Simón Bolívar, dan clara cuenta de ello.

Una organización y una movilización distintas a las acostumbradas y habituales están marcando el rumbo y señalando la pauta del futuro político del país. Se trata de avanzar hacia la resistencia al estado actual del país en el que el gobierno de Estados Unidos es el que toma las decisiones estratégicas en la economía, las finanzas y la política exterior.

Las tendencias que evidencian los hechos establecen que en el país se está desarrollando una propensión hacia un tipo de organización movimientista dado el fracaso del partidismo como elemento aglutinador, ordenador y movilizador de la sociedad. En términos teóricos, el movimientismo es una tendencia política y social en el que la identidad y organización se basan en un gran movimiento amplio con participación de sectores sociales diversos que se apoyan en un liderazgo carismático en lugar de un partido tradicional centralizado. En esa medida, es más flexible y masivo al integrar posiciones ideológicas variadas. Creo que esto es lo que se necesita en este momento para agrupar a una -aun dispersa- voluntad nacional patriótica, independentista y de defensa de la soberanía nacional que conduzca a la formación de un gran frente patriótico antimperialista y anticolonialista si es posible llegar hasta ello.La experiencia movimientista más exitosa en América Latina emerge de la práctica del peronismo en Argentina. 

 He recurrido a Silvano Pascuzzo, licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad del Salvador de Argentina y docente de la carrera de Relaciones
Internacionales de la Universidad de Lanús, para que nos explique la experiencia de su país en este sentido.

Para ilustrarnos, Pascuzzo regresa hasta el 16 de septiembre de 1955, cuando se produjo un levantamiento cívico militar contra el gobierno democrático del General Juan Domingo Perón.  Dice el investigador argentino que: “el Justicialismo como organización militante, ya estaba herido de muerte. Diez años consecutivos en el poder lo habían transformado en una estructura burocrática que solo sabía repetir eslóganes, oficiar rituales y amenazar con duras represalias, que nunca se materializaban. No es que hubiera dejado de ser ´popular y representativo` sino que ya no era ´revolucionario`”.

El levantamiento reaccionario desató una ilimitada violencia ante la incapacidad del gobierno para responder con eficacia. Aunque el movimiento insurreccional fracasó, el general Perón optó por la indulgencia con los alzados a fin de evitar una sangrienta guerra civil. Propuso un diálogo que fue rechazado. Las fuerzas políticas actuantes se decantaron por la violencia.

Perón decidió marcharse del país y la fuerza que lo apoyaba quedó “angustiada y perpleja”.

Así, se desató una violencia jamás vista de la mano del general Aramburu y el contralmirante Rojas. Se desencadenó un oscurantismo brutal en el que los nombres de Perón y de su esposa fallecida Evita, quedaron prohibidos por decreto, los dirigentes de alto rango fueron encarcelados y los militantes perseguidos.

El movimiento de masas que apoyaba a Perón y que según Pascuzzo era “el más grande de América”, se desmoronó al tiempo que el gobierno anunciaba el fin del peronismo que según los adláteres del régimen “sería muy pronto superado”. En esa situación emergió la figura de John William Cooke, un ex diputado de origen nacionalista sin grandes vínculos con Perón, más bien exponente de profundas diferencias con él, pero “seguidor fiel y apasionado del Líder y de su Doctrina”.

Cooke había elaborado un diagnóstico preciso sobre la situación y se proponía enfrentar al régimen poniendo en el centro a la movilización desde abajo, “a partir de bases populares, que – pensaba con acierto – estaban aún intactas”. Le reclamaba a Perón que volviera a sus principios doctrinarios y convocara a los trabajadores a ser protagonistas activos de su obra de gobierno. Rechazaba el “´autoritarismo bobo`, el ritual del Poder, las confabulaciones de Palacio y el abuso de una ´retórica combativa`, sin conexión con la realidad. En fin, tampoco era un defensor apasionado del acercamiento con Estados Unidos, iniciado en
busca de inversiones en el sector energético, entre 1952 y 1954”

Cooke terminó preso y procesado, junto a otros dirigentes. 

En esa situación recomendó “templanza, paciencia y un plan serio que contemplara ´acciones puntuales pero efectivas, de Resistencia`”, capaces de mostrarle al Pueblo, que el Peronismo aún estaba vivo, en medio de la derrota”. Sus reflexiones tuvieron pronta respuesta del Líder generándose un intercambio de altura con fuertes repercusiones hacia el futur  El contexto creó condiciones para que el 9 de junio de 1956, un grupo de oficiales del Ejército y civiles nacionalistas se levantaran en armas contra la Dictadura aunque el Peronismo, como “fenómeno de masas”, no reaccionó y estuvo ausente. A pesar que el levantamiento fracasó, fue la señal de que las cosas estaban cambiando en el panorama político, el régimen se fue erosionando fruto de sus propias contradicciones, comenzó el desmembramiento interno y la desmoralización de sus bases de apoyo, importantes referentes abandonaron la dictadura mientras se generaban las circunstancias necesarias para una unidad amplia de los sectores opositores que ahora ya no manifestaban rechazo hacia el peronismo.

Continúa relatando Pascuzzo que tras su fuga de la cárcel, Cooke fue designado por Perón, como “su representante personal en la clandestinidad”, obteniendo el título no oficial de: “Jefe de Estado Mayor de la Resistencia”. En ese marco, había alcanzado la estatura suficiente como para discutir con Perón acerca de la necesidad de una estrategia de mediano y largo plazo para el hasta entonces apático Movimiento Nacional y Popular.


Se proponía dar “conducción táctica” al Peronismo a través de la promoción de nuevos dirigentes a los que se le debían otorgar responsabilidades en medio de la lucha, sobre todo a aquellos que poseían vínculos reales y concretos con el mundo del trabajo, la Iglesia, las Fuerzas Armadas y la Cultura. Cooke consideraba que: “Resistir era aglutinar –en una espesa red de células clandestinas– a lo mejor de la `Comunidad`, a sus elementos más éticos y formados, para poner los cimientos de una posterior ´sublevación de masas.  De esta manera, a partir de múltiples formas de lucha pacíficas en un primer momento, se llamó a “Resistir para Vivir, Vivir para Luchar, y Luchar para Volver”.


Perón -desde el exilio- tuvo el mérito de reconocer el momento y su dinámica, escuchó, reflexionó y actuó “despojado de egos, formalismos y pequeñas ambiciones”. Bajo la guía del Líder -desde la distancia- el movimiento peronista comenzó a reaccionar. RefierePascuzzo que en un momento posterior: “En los barrios, los vecinos organizaron barricadas, oscurecimientos y pequeños atentados. Los intelectuales publicaron libros y artículos desafiando la censura; dieron charlas, viajaron y se movieron por recónditos lugares, esclareciendo a los militantes, contando historias olvidadas y explicando procesos fundamentales”.

Se produjo un momento de inflexión. Dice Pascuzzo que: “Los profesionales de la clase media, cínicos y altivos, se convirtieron en militantes; los jóvenes universitarios – vanguardia del “gorilismo” en épocas pasadas– devinieron en activistas; las mujeres, mutaron su ropa interior en alijos para llevar correspondencia clandestina. Los curas desde los púlpitos y los militares en los cuarteles decidieron volver al ´hogar común` que en 1955 habían abandonado, presos de la ira, la confusión y la ignorancia”. Cooke, había salvado al Peronismo, “quitándole de encima su hipoteca de proyecto burocrático, corrupto y demagógico” consiguiendo que retomara la senda de la lucha y del combate a la dictadura en toda la línea.

El impacto fue inmediato, los delegados obreros sin sus sindicatos –que estaban intervenidos – crearon comisiones internas en pasillos, recreos y salones comedores de fábricas explicando las virtudes del pasado luminoso que no conocieron y que había sido posible gracias a Perón y a Evita. Se consideró que era momento de realizar “elecciones” internas en el peronismo.

Pero también se produjo la reacción de la Unión Cívica Radical (UCR), el partido político que en 1946, había sido el articulador principal de la oposición al peronismo se encontraba ahora – una década después – irremisiblemente dividida en torno a la aceptación o no de la legalización del Movimiento Justicialista. Oteaban el futuro y sabían las consecuencias que ello traería,

Un sector radical conducido por Rogelio Frigerio viajó en 1957 a Caracas donde Perón se encontraba exiliado. En presencia de Cooke, ofreció al expresidente, “un suculento acuerdo táctico, solicitó su apoyo a cambio de la normalización de los sindicatos y del levantamiento de la proscripción”. Con cautela, Perón no dio una respuesta inmediata. Consideró que debía discutir la propuesta con Cooke. Sabía que era importante la legalización del Justicialismo, la reorganización de la CGT y su propio retorno al país. Pensó que podía construir junto a Frigerio y un sector del radicalismo un “Frente Anti Oligárquico e Industrialista”.  Coincidía con Frigerio en temas económicos y de política internacional y no deseaba perder más tiempo, pero necesitaba conocer la opinión de Cooke, antes de dar una respuesta afirmativa.Cooke tenía dudas, no confiaba en los radicales ni en Frigerio. Intuyó que su propuesta entrañaba “una argucia mañosa para llegar al poder, y luego intentar cooptar a una porción del peronismo –su ala burocrática y conservadora – con ´seductores cantos de sirenas`”.

Le dijo a Perón que lo acompañaría, cualquiera fuera la decisión que tomara, pero que pensaba la mejor estrategia en aquella coyuntura, era mantenerse al margen. Pensaba que había que seguir resistiendo a un “sistema político viciado de nulidad, hasta que [el peronismo] fuera legalizado por un Régimen derrotado, por las luchas populares organizadas”. 

Pero, Perón aceptó el acuerdo, y se firmó el “Pacto de Caracas” que le dio a Frondizi la Presidencia de la Nación en 1958. La historia le dio la razón a Cooke, una vez en el gobierno, Frondizi y los radicales no cumplieron su compromiso, todo lo contrario, los sindicatos siguieron perseguidos y el peronismo siguió siendo ilegal. El giro a la derecha significó ajustes económicos antipopulares que fueron rechazados y resistidos en el calle por los argentinos.Cooke se vio obligado a reactivar la Resistencia y en 1959, sesenta y dos gremios de la Central General de Trabajadores (CGT) exigieron la normalización inmediata de sus cuerpos orgánicos. Los trabajadores seguían siendo peronistas y querían participar de las grandes discusiones estratégicas.

Pascuzzo concluye recordando que: “En 1960, Cooke renunció a su cargo, apoyando la Revolución Cubana triunfante el 1° de enero de 1959. Nunca rompió con Perón, pues siguió siéndole fiel hasta su muerte en 1968. Estaba convencido que el peronismo debía ser un ´Movimiento de Masas` con una estrategia insurreccional, dado que los tiempos de la moderación y las reformas incruentas, habían quedado irremisiblemente atrás”.

Cada país es distinto, su historia y sus circunstancias son expresión de sus particularidades, pero es importante estudiar las experiencias que aportan enseñanzas de mucho valor en la cotidianidad de la lucha. El peronismo es propio de Argentina, sin embargo, cualquier lector acucioso descubrirá en el texto algunas variables que desde mi punto de vista se deben tener en cuenta en la Venezuela de hoy, habida cuenta, precisamente de los hechos y las circunstancias. No por casualidad, el comandante Chávez siempre se manifestó extraordinaria admiración y respeto hacia el general Perón.
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